jueves, 20 de diciembre de 2012


En estas fechas, cargadas de significado, es un momento ideal para el reencuentro entre padres e hijos

Son fechas en las que se pueden transmitir valores como la reconciliación, la paz, el amor, la generosidad, la solidaridad, la esperanza, etc., haciendo partícipes a los hijos de ello.  No olvidemos que, a veces, durante el cursor, la rutina, los horarios,  las actividades extraescolares y nuestro trabajo, dejan poco espacio para disfrutar de los pequeños, jugar, divertirnos con ellos, conversar, interesarnos por sus preocupaciones, intereses, comprenderles o ayudarles.  En ocasiones, nuestro rol queda delegado a las actividades diarias, hecho que limita el significado de lo que es “ser padre”, generando a menudo emociones negativas tales como culpabilidad por parte de los padres, y soledad e incomprensión en los hijos.

Así pues, la Navidad es una oportunidad para disfrutar de nuestros hijos en el sentido amplio de lo que significa ser padres y vincularnos mejor con ellos.

 La vinculación entre padres e hijos se empieza a crear desde el nacimiento de éstos y se mantiene durante toda la vida.  La vinculación es la base de un buen desarrollo emocional y una sana autoestima que permitirá al hijo sentirse competente y establecer relaciones sociales sanas.  El niño tiene que sentirse seguro, protegido y amado por sus padres.  Esto es especialmente relevante cuando aparecen discusiones tras no realizar correctamente una tarea, problemas, desobediencia, etc.  En estos momentos tendremos que transmitirle que nuestro amor es incondicional, y que “le queremos aunque a veces no se porte bien”; nuestro amor está por encima de todo ello.

 Isabel Vargas, psicóloga

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