viernes, 7 de octubre de 2011

Contra los deberes escolares

La autora Sara Bennett lleva años en una verdadera cruzada contra la sobrecarga de las tareas en casa y a través de su blog logró ayudar a distintas comunidades.

EL MERCURIO I DANIELA MOHOR W.
El hijo mayor de Sara Bennett llevaba poco tiempo en primero básico cuando ella y su marido se encontraron con una inesperada sorpresa: el niño llegó del colegio con una tarea por hacer. A los seis años, aún no sabía escribir, pero la profesora le había pedido que todas las noches leyera algo y luego llenara una hoja con el título, la cantidad de páginas y el tema del libro. No tendría que requerirle más de 10 minutos. Aun así, a Sara y su marido no les gustó la idea. "Sentimos que no tenía sentido, en primer lugar porque nuestro hijo no sabía escribir. Se lo dijimos a la profesora, y ella nos respondió que era bueno que se acostumbrara a hacer un deber escolar de 10 minutos al día. Nosotros le expresamos nuestro desacuerdo. Muchos padres sienten que los profesores saben mejor que uno lo que es bueno para los niños, pero nosotros sentíamos que conocíamos a nuestro hijo mejor que nadie y no encontramos ninguna razón para que convirtiera algo entretenido - leer- en un aburrido deber", cuenta Sara desde Nueva York.

Doce años después, lo que empezó como un simple desacuerdo con una profesora se ha convertido en una verdadera cruzada. En los años que siguieron, Sara y su marido mantuvieron su postura de no obligar a sus dos hijos a hacer las tareas y ella, además, se puso a investigar y a entrevistar expertos en el tema. En 2006 publicó (junto a la periodista Nancy Kalish) el libro The Case Against Homework: how homework is hurting our children and what can we do about it (El caso contra las tareas: cómo los deberes están dañando a nuestros hijos y qué podemos hacer al respecto) y lanzó el blog stophomework.com, a través del cual difunde información sobre los efectos de la sobrecarga de tareas, dialoga con personas de distintos países sobre las mejores maneras de enfrentar colegios y profesores al respecto y entrega datos prácticos para acercarse a ellos de la mejor manera.

Hoy es considerada una verdadera activista antitareas. "Hay que cambiar toda la cultura y el pensamiento detrás de las tareas. Esa es mi misión: educar a la gente para que piense realmente en lo que se está haciendo. Los colegios se han olvidado de lo que significa ser niño. A los ocho años, un pequeño no tiene habilidades para planear cosas a largo plazo, su preocupación son sus amigos y recién está abriéndose más a la comunidad. No tiene sentido pensar que a esa edad pueda manejar varios proyectos y sentarse a trabajar en ellos. Además, necesita dormir 12 horas por noche y pasa siete en el colegio, así que le queda poco tiempo para hacer otras cosas, como jugar. Hemos transformado la niñez en algo que es trabajo, trabajo, trabajo; muchos niños incluso trabajan más que los adultos que llegan a su casa después de la oficina y no tienen tareas pendientes", lamenta.

Tareas sin beneficios. A diferencia de algunos expertos que creen que cierto tipo de deberes puede traerles beneficios a los niños, Bennett asegura estar en contra de ellos de manera general. Y lo justifica citando investigaciones y evocando sus efectos negativos sobre niños y padres. "Por culpa de las tareas muchos niños empiezan a odiar el colegio, porque pasan mucho tiempo ahí y además tienen que seguir trabajando en casa después. Cuando aprenden a leer, se les quita su amor por la lectura, y eso es grave porque leer es una de las mejores maneras de desarrollar su capacidad intelectual. Las tareas implican muchas peleas y estrés entre los padres y sus hijos, porque la mayoría de los niños no son capaces de hacerlas solos. De alguna manera los deberes les enseñan a los niños a depender de sus padres, cuando debería ser algo que pudieran hacer solos. Eso crea un patrón de conducta difícil de eliminar cuando son mayores", explica.

Bennett cuenta que en Estados Unidos se ha llegado al extremo que los jardines infantiles asignen tareas. Eso, dice, aun cuando la investigación disponible respecto a su utilidad es inequívoca. "La investigación dice que no existe ninguna correlación entre las tareas y el rendimiento académico en primaria. En la media la única correlación es que, cuando hacen tareas los alumnos tienen mejores notas y mejores resultados en las pruebas. Pero eso es normal, ya que los deberes representan un porcentaje de las notas. También es obvio que si estudian la materia que les pasa el profesor, les irá mejor en sus pruebas. La investigación no indica en cambio que los deberes aseguren un mejor rendimiento académico a largo plazo, o que impulsen el amor de los niños por aprender, o incluso que los niños vayan a saber más cosas. Nadie está reflexionando sobre lo que significa realmente aprender".

Para demostrar su punto, Sara cuenta que el año pasado entrevistó al director de un colegio que había hecho un experimento revelador. "Al principio de tercer año de liceo les hicieron tomar a los alumnos el mismo examen que les habían dado meses antes, al final de segundo. La mitad reprobó, cuando la primera vez habían respondido bien entre el 90 y el 100 por ciento de la prueba. Eso muestra que los niños pueden tener buen rendimiento en una prueba, pero que luego se les olvida la materia. Eso llevó al colegio a revisar toda su malla curricular y el cómo se enseñaba".
Para ella, uno de los problemas más preocupantes es que la asignación de tareas no toma en cuenta el proceso de desarrollo de los niños. "Hay que recordar en qué punto están los niños y los adolescentes. El cerebro de estos últimos todavía está desarrollándose mucho y necesitan tiempo para permitírselo. No tienen, como los adultos, las habilidades de función ejecutiva que permiten manejar una gran cantidad de material de distinto tipo y tener una buena capacidad de gestión. Son habilidades que han aprendido, pero que todavía no están del todo establecidas a los 15 años. La mayoría de la gente con la que hablo, ya sean educadores, directores de colegio o profesores, sabe que lo que les estamos haciendo a nuestros niños no es sano y no trae beneficios. Pero todo el mundo lo hace igual, porque creen que es lo que se espera de ellos".

Generando un cambio La buena noticia, dice Sara Bennett, es que se puede hacer algo al respecto. Los primeros en poder actuar para proteger a los niños de la sobrecarga de tareas son los padres. En ese sentido entrega distintas recomendaciones sobre la manera de proceder.

En primer lugar, aconseja no ignorar cuando un hijo reacciona negativamente a las tareas, con berrinches, insomnio o dolor de estómago por el estrés que les significa. En esos casos, o si el niño está cansado, dice a los padres que dejen que no hagan las tareas. "Se le puede mandar una nota al profesor explicándole que el niño no hizo sus deberes por cualquier motivo". Sara cree que el primer paso siempre es hablar con los profesores. Distingue dos maneras de proceder. "En primaria lo mejor es explicarle al maestro que las tareas no funcionan para usted y su hijo. Muchas veces éste buscará algún acomodo, porque son numerosos los maestros que no saben que las tareas son un problema y les quitan tanto tiempo a los niños. Al enterarse dejan de asignarlas".

Cuando la cosas no se dan de manera tan fluida, la activista recomienda que los padres se comuniquen con sus pares y los inviten a hablar con los profesores también. "Si los profesores escuchan lo mismo de varios padres, les será más difícil ignorar el problema".

Si esto no funciona, hay alternativas, como juntar a todos los padres e ir a hablar con el director del colegio sobre la utilidad de los deberes escolares. También se puede acudir a las autoridades educacionales locales y pedir que se cambie la política de tareas a nivel más global. "Yo sugiero partir desde abajo. Si uno parte pidiendo un cambio en las políticas educativas locales, puede demorarse varios años en obtener un resultado".

A nivel de secundaria, dice Bennett, el procedimiento debe ser distinto. "Ahí es más eficiente moverse de manera colectiva, porque los colegios están más enfocados en conseguir que sus alumnos entren a la universidad y se conseguirá menos de un profesor a nivel individual".
Por cambiar la política educacional

La militancia anti-tareas de Sara Bennett le ha provocado varios problemas a sus hijos, y uno de ellos incluso debió ser cambiado de colegio. "Estoy convencida de que las consecuencias de hacer tareas son peores", justifica ella.Es que el proceso de generar un cambio cultural es lento, pero ya ha obtenido resultados. A través de su blog, se puso en contacto con personas de varios países que ha asesorado. Gracias al trabajo que hicieron en conjunto ella y otros padres, en California lograron que las autoridades locales cambiaran la política de asignación de tareas en todo el distrito educacional. El cambio influyó en miles de niños.

En los últimos años, se ha generado más debate público en torno al tema y de a poco está apareciendo más conciencia. "Ha habido mucha atención de los medios en torno a las tareas y creo que por lo menos ahora la gente sabe que no existe correlación entre los deberes y el rendimiento académico".

(PUBLICADO EN EL PAIS DIGITAL)

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