sábado, 26 de febrero de 2011


"Tu no me quieres", dijo Oswaldito de 5 años a su mama. Ella se sintió absolutamente confundida. ¿No le había dado todo? ¿Todo su amor, tantas malas noches, la mejor comida, ropa, juguetes, betamax? ¿Que le pasaba a ese chico?
"Si no me dejan salir con mis amigos hasta la hora que yo quiera, me voy de casa" dijo María de 15 años a sus asustados padres. ¿Como podía haber cambiado tanto su adorada hija, siempre tan inteligente, formalita, obediente y cariñosa?

Ahora no solo los "padres con problemas" a quienes ya desde algún tiempo les ha faltado energía para dedicarse a sus hijos, sino también los padres bueno, que siempre les han dado la mejor atención que podían, de repente se asombran: "¿Quien comprende a este niño?" Entonces nos vienen muchas dudas: ¿Que es eso de "amar" a un niño? ¿Realmente podemos amar sin comprender? ¿O comprender sin amar?

Un enfoque para lograr una mejor comprensión sobre la vida de nuestros niños es indudablemente entender algo más sobre los juegos que son su expresión vital más natural y espontanea.

"¿Que hiciste hoy en la escuela?" preguntan los papas. Cuando el niño contesta honradamente "jugué", se da cuenta de la desilusión de sus padres y se siente incomodo en su condición de niño y se pregunta "¿Que esperan de mí? ¿Gramática, matemáticas?" Luego regresa donde los profesores del Pestalozzi "Quiero aprender el pluscuamperfecto, quiero aprender a dividir en papel" Y entonces juego y trabajo se ponen en contradicción y ya comienza el conflicto entre la "vida seria" del trabajo (que como él puede ver pocos adultos lo hacen con alegría) y los "sanviernes" tan esperados durante toda la semana.

Sin embargo, si supiéramos apreciar la íntima relación entre juego y trabajo y dar a los niños el apoyo para que no la pierdan, pudiéramos trabajar juntos con goce y creatividad, así como nuestro hijo de casi 16 años nos escribió desde Suiza en estos días "Ahora trabajo en una empresa que fabrica vehículos solares. Es superchevere. El trabajo es como un juego. Todo me interesa y no me canso, aunque duermo pocas horas"

En realidad, desde que nace, el niño comienza a "jugar y trabajar". Sus primeros contactos con el mundo los toma por sus reflejos innatos y simplemente para sobrevivir. Pero la satisfacción de sus necesidades le invita a variar esta interacción instintiva, a experimentar jocosamente con el mundo que le rodea. No se contenta con succionar solo la teta que le alimenta. Pronto lo succiona todo - los dedos, la cobija, todo lo que este a su alcance. Como habíamos visto antes, este comportamiento se debe a la presencia de la corteza cerebral, el órgano diseñado para "encontrar soluciones novedosas a situaciones imprevistas", y es ese tanteo que permite el desarrollo de la inteligencia humana.

A estos experimentos espontáneos les sigue en seguida el impulso de imitar movimientos y sonidos en una exploración continua que cultiva la capacidad de observación y concentración a muy temprana edad. Gracias a estas imitaciones el bebe capta e incorpora muchos detalles de la realidad que le rodea. Pero solo si otra persona re-imita sus gestos y expresiones, puede el lograr una primera percepción de sí mismo, se da cuenta que también el "es visto" con interés (no con critica, que es probablemente la experiencia más generalizada) Y así se satisface una de las más importantes necesidades humanas, la de sentirse querido.

Cada nuevo descubrimiento sensorial, cada nuevo movimiento es practicado con goce hasta llegar a ser dominado y refinado. El niño no interferido persiste en sus ejercicios que con frecuencia toman el carácter de rituales, y los varia, buscando cada vez nuevos niveles de dificultad hasta obtener un grado de maestría que le da seguridad. Ahora sus experiencias son "solamente sensorio-motrices". Le proporcionan placer por sentirse a sí mismo y sentir las múltiples cualidades del mundo. Pero al mismo tiempo son la base para su futuro razonamiento. Hoy el niño salta muchas veces de un muro para gozar, perfeccionar su coordinación, sentirse valiente. Pero este juego repetitivo, combinado con muchos otros, mieliniza su sistema nervioso, establece contactos cerebrales que a su tiempo permitirán la comprensión de leyes físicas cada vez más complejas - p.ej distancias, ángulos, peso, volumen, la gravedad y mucho más aun: esta es una actividad espontanea, autónoma, que conlleva su gratificación en sí misma. El niño que juega por placer no espera recompensas para su "trabajo bien hecho", no mira el reloj para ver si por fin se acerca el merecido descanso. Más bien se olvida hasta de su hambre y se reniega porque la noche le obliga a interrumpir su juego que "recién no mas" comenzó.

Desde pequeño el niño imita no solo las muecas graciosas y muchas palabras, sino también el trabajo de los adultos. Antes de caminar con destreza ya quiere barrer, cargar la loza, lavar platos. En esta época creemos que no le podemos confiar -una taza nos parece más valiosa que satisfacer el hambre de actividad de un niño. "Es que los trabajos hay que hacerlos rápido y bien (para luego comenzar a vivir), y el niño estorba cuando juega con la espuma, barre sin terminar, en fin, solo juega". Le mandamos a sus juguetes para que no moleste y que no toque nuestras cosas. Unos pocos años después nos quejamos de "estos niños inútiles, que solo quieren jugar para divertirse y se niegan a ayudar"

Al llegar al final de su segundo año un niño que ha podido interactuar a su ritmo con su entorno, ha adquirido estructuras mentales complejas que ahora le permiten imaginarse las cosas "dentro de su cabeza". Esta representación interna del mundo le capacita para comenzar a planificar sus acciones con cierta anticipación y de realizar sus primeras simbolizaciones. En esta edad el pequeño alza un pedazo de madera, lo hace "volar" y acompaña este acto de simbolización con sonidos de avión. En esta etapa inicia una verdadera explosión de lenguaje hablado, y terminando su sexto año el niño ha adquirido un enorme porcentaje de su potencial de expresión verbal. Piaget ha observado y ricamente comentado el juego simbólico de sus hijos y de otros niños. Pudiéramos resumir sus interpretaciones de la siguiente manera:

- El juego representativo es la base más importante para la capacidad de simbolización y abstracción

- Gracias a este juego, el niño incorpora espontáneamente grandes cantidades de realidades concretas en sus esquemas mentales

- Gracias a los juegos representativos los niños "digieren" experiencias difíciles de asimilar, sobre todo las de mucha carga emocional, y aprenden a bregar con sus miedos, iras, celos, tristezas y alegrías

- Por medio del juego representativo el niño puede experimentar libremente con los elementos de la adaptación y asimilación y encontrar su equilibrio entre ambos polos

- El juego representativo le empuja a tomar en cuenta a otros niños, a colaborar e intercambiar roles con ellos, a aprender a ver el punto de vista de otros niños, a salir de su egocentrismo infantil



El juego representativo de los programas de televisión carece de la mayoría de estos elementos. Aquí el niño elimina sobre todo imágenes y contenidos potentes absorbidos -no por su interacción con un mundo concreto- sino en forma pasiva. Mientras que el niño debería formar sus propias imágenes moviéndose, manipulando objetos y diciendo lo que hace, la televisión le sustituye su actividad personal, lo inmoviliza y lo llena de imágenes y palabras ajenas, tensionándole al mismo tiempo a causa de los efectos de la tecnología aplicada. Señalar todas las diferencias que hemos observado entre el juego representativo autentico y el de la tele, seria en realidad otro tema aparte.

Del "juego de práctica" y del "juego representativo" evoluciona paulatinamente el "juego con reglas". Hay ciertas reglas que son transmitidas y aceptadas y que confirman la autoridad de las personas mayores y de la tradición. Con el inicio de la etapa operativa, en cambio, los niños inventan sus propias reglas de juego, haciéndolas funcionar por convenios temporales y muchas veces modificando las reglas convencionales. Es una necesidad de desarrollo de esta etapa experimentar con el mundo para descubrir el sentido de las reglas, en un continuo vaivén de acomodación y asimilación. Esto no solo es importante para el desarrollo de la inteligencia creativa, sino igualmente para aprender a relativizar a las autoridades absolutas y poder cooperar con iguales por medio de códigos funcionales que respetan tanto al individuo como al grupo.

En nuestra experiencia educativa que se basa en la actividad autónoma vemos siempre confirmado que el acceso a los materiales estructurados diseñados para permitir la formación de estructuras de comprensión es sumamente difícil para todo niño que no ha tenido un real apoyo para vivir plenamente las diversas etapas de los juegos aquí descritas. Los efectos son múltiples y varían desde una falta de seguridad en la coordinación sensorio-motriz, inseguridad en el razonamiento concreto, agresividad, falta de concentración, dependencia, rechazo de reglas funcionales y limites y de la toma de responsabilidad, inclinación a abstracciones sin bases operativas y tendencia de sentirse feliz solo en grupo, de no encontrar actividad personal satisfactoria hasta evadir la realidad personal por medio de distracciones y consumismo.

¿Nos asusta esta lista? ¡Hagamos pues un sincero esfuerzo por conocer a fondo cuales son las necesidades autenticas de nuestros niños y haremos una contribución pequeña, pero real, para que el mundo de mañana sea un poquito mejor que el actual!


Rebeca Wild


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